Historia

ESTUDIO HISTÓRICO DE LA LEYENDA DEL CRISTO DE LOS REMEDIOS.

La documentación religiosa de Moguer, que debió ser hasta 1936 relativamente abundante, hoy, por el contrario, es muy escasa. A pesar de los luctuosos avatares históricos que marcaron el devenir de nuestra tierra, tenemos la gran suerte de conservar un texto único sobre la religiosidad local: la leyenda del Cristo de los Remedios. El texto, en un primer y rápido análisis, parece mostrar sólo unos hechos religiosos extraordinarios; pero, tras un estudio más profundo, se observa la existencia de una forma compositiva clara, así como cierta preocupación histórica, siempre dentro de unos esquemas literarios propios de este tipo de literatura religiosa.

Hoy día no tiene sentido plantearse si la historia narrada es cierta. Lo importante es que esta leyenda recrea con tal aire de “realidad” el ambiente en el que se produjeron los acontecimientos, que tiene un carácter especial. Y todo ello gracias a la ubicación de la trama en espacios concretos de la costa onubense y a la descripción de actividades humanas muy en consonancia con los lugares descritos. Fray Felipe de Santiago, autor de la leyenda, supo obtener buen provecho del conocimiento que tenía de su comarca y de los oficios que se practicaban en la tierra llana de la actual provincia de Huelva (en el siglo XVIII, del reino de Sevilla). Pero vayamos por partes.

A) Aspectos históricos-geográficos.

El lugar en el que ocurren los primeros acontecimientos es el paraje marítimo-terrestre de la Tuta, que está situado en lo que actualmente es término municipal de Isla Cristina, extendiendo sus aguas, posiblemente, hasta el término de Lepe.

La acción discurre en el mes de diciembre, y no es un mes elegido al azar, pues, en esta fecha, la pesca del atún con la técnica de la almadraba, que se realizaba en los meses veraniegos, ya había finalizado. La existencia de almadrabas dificultaba la actividad pesquera a los habitantes de la zona, más si tenemos en cuenta que su explotación había sido concedida por privilegio real a los duques de Medina Sidonia. Pero, una vez finalizaba la pesca del atún, los marineros de la costa de Huelva, si no lo impedían las disputas señoriales o concejiles, podían faenar en la zona. Pues bien, los moguereños eran algunos de los que acudían a la zona de la Tuta a pescar; ahora bien, insistimos, si las circunstancias lo permitían.

Otra característica de la playa de la Tuta era su falta de poblamiento, situación que finalizó en el siglo XVIII, momento en el que apareció La Higuerita (actual Isla Cristina). Esa situación de despoblamiento es la que se recoge en la leyenda.

Las técnicas marineras y el trabajo de carpintería de ribera están muy bien descritos. Los propietarios de las pequeñas barcazas solían utilizar varias técnicas de pesca, entre ellas la de la jábega, que consistía en una red muy larga que era introducida en el mar y, posteriormente, era sacada a tierra desde la orilla por medio de dos gruesas cuerdas.

En cuanto al trabajo de carpintería de ribera, observamos que la caja de madera, objeto en el que se guardó la imagen de Cristo, estaba realizada con una técnica perfecta, ya que, como bien describe el texto, estaba calafateada, es decir, tenía las uniones de sus tablas de madera cerradas con estopa y alquitrán, lo que impedía que el agua penetrase en el interior. Por lo tanto, si Antonio Quintero, el moguereño cautivo en tierras africanas, conocía las técnicas de carpintería de ribera, éstas le debieron facilitar la realización de la talla de madera del Cristo Cautivo.

Un estudio de la situación social de los protagonistas deja entrever que los personajes de la leyenda, aunque son del pueblo llano, no estaban faltos de recursos económicos. Al inicio de la obra se dice que Pedro Martín era el que pescaba, sin que nadie le acompañara en sus labores. A partir de ese momento se utilizan verbos en plural, lo que indica que existía un grupo de personas bajo la dirección de Pedro Martín. Esta información es muy clara en el pasaje que describe el momento en el que Pedro Martín fue a mover la imagen del Cristo Cautivo. Se dice textualmente que “mandaba” sobre un grupo de moguereños. Otro dato que muestra el nivel económico medio de los protagonistas es aquél que viene dado por el propio rescate de Juan Antonio Quintero. Toda persona que pagaba un rescate por su libertad solía tener normalmente, aunque no siempre, cierto nivel económico.

Por otro lado, la reacción del cabildo eclesiástico de la ciudad moguereña es de lo más convencional. No se podía esperar que esta institución se creyera de inmediato la historia del milagro del Cristo. Y es que la Iglesia siempre mostraba cierta prudencia hacia este tipo de acontecimientos. Fue el testimonio de multitud de personas el que hizo que el cabildo eclesiástico acogiera favorablemente la historia del milagro.

Llamativo es el nombre de la ermita que se cita en la narración: “de Nuestra Señora de los Remedios”. Esta denominación coincide totalmente con los documentos históricos del siglo XVI, lo que da un plus de veracidad al contexto histórico e indica que Fray Felipe conocía muy bien el pasado religioso de Moguer. Gracias a los testamentos de los moguereños, sabemos que en la segunda mitad del citado siglo (no existe documentos anteriores) se donaron diferentes objetos a una imagen y a una ermita de la localidad conocidas como “la de la Virgen de los Remedios” o “la de los Remedios” a secas. Sin embargo, a partir del siglo XVII el nombre mariano dejó de utilizarse, siendo sustituido definitivamente por el del Cristo Cautivo que aparece en el milagro, es decir, por el de “Cristo de los Remedios”.

Asimismo, la colocación del Cristo en el altar mayor de la ermita y el traslado de la Virgen a otro altar son datos que coinciden con la información contenida en los documentos de los siglos XVII y XVIII. Durante esos siglos, el Cristo de los Remedios siempre ocupó el altar mayor; la Virgen de los Remedios, por el contrario, un altar lateral.

La situación que presenta el autor sobre el cautivo moguereño en tierras musulmanas es correcta, aunque quizás se exagere el grado de libertad del que gozaba. Fue esa “libertad” la que le permitió realizar la imagen del Cristo. El hecho de que el cautivo se deshiciese de la imagen del Cristo está en consonancia con la realidad histórica, ya que el autor se jugaba la vida si era descubierto.

En referencia a los milagros que aparecen en la leyenda, en el momento que escribe fray Felipe de Santiago, el Cristo de los Remedios era famoso por haber realizado varios milagros. Esa realidad es descrita en los inventarios de la ermita, en los que se confirma la existencia de diversos exvotos, los cuales, curiosamente, fueron relacionados por un visitador eclesiástico con varios milagros protagonizados por la imagen del Cristo de los Remedios. Esos exvotos, entre otros, eran los siguientes: una escopeta y los famosos grilletes y cadenas del cautivo moguereño.

B) Aspectos didácticos.

El texto tiene una intención didáctica muy clara. Está presente el fundamento católico de que la fe en las imágenes es fundamental para la vida del cristiano. El Cristo de los Remedios, por propia voluntad y en un hecho milagroso, llegó a la costa onubense; sin embargo, fue la devoción de los moguereños y, sobre todo, la de Pedro Martín Quintero la que permitió que la imagen permaneciera en la localidad.

Por otro lado, Cristo aparece como un ser que ofrece sus servicios, aunque el cristiano, para obtenerlos, debía corresponderle con una actitud positiva, manifestada con la devoción y la fe. Sin ellas no había posibilidad de éxito en la relación del hombre con la divinidad. Esa manifestación de fe aparece por todo el texto: las lágrimas del pescador moguereño al aparecer la imagen, etc.

Las obras, tan importantes en la teología católica, aparecen como complemento y muestra de fe. He aquí las obras: Pedro se fabrica con escambrones (arbusto espinoso) una corona de espinas y con traílla (cuerda) se hace un lazo alrededor del cuerpo en señal de penitencia. Lo que Pedro hace es imitar la imagen del Cristo de los Remedios, que, como se observa en las fotografías que se han conservado, posee esta corona de espinas y una soga en su cuello. Es, en definitiva, un acto de penitencia propio de esos momentos históricos. Esta “obra” penitencial permitió que el milagro se realizase: Pedro y su hijo, sin ayuda del grupo de moguereños que se encontraba en el lugar, movieron la figura de Cristo y la llevaron a su embarcación.

Pero la leyenda contiene otro mensaje en su interior. La leyenda del Cristo va unida a la historia de dos individuos, las cuales se desarrollan de manera paralela, contactando ambas en la figura del Cautivo. Se parte de una situación de insatisfacción personal o conformidad relativa, mas sus vidas finalizan en una explosión de felicidad gracias a su relación fructífera con la imagen.

Otro aspecto no casual son los nombres de los dos pescadores que realizan el descubrimiento de la imagen de Cristo: Pedro y Juan, nombres que recuerdan a dos apóstoles muy unidos a Jesús. Asimismo, el oficio y la fe mostrada por Pedro Martín hasta el final de su vida parecen coincidir con la del bíblico Pedro.

La elección de la figura del pescador para protagonizar los hechos humanos acontecidos en la leyenda tiene mucho que ver con la devoción que la marinería de la localidad mostró al Cristo de los Remedios hasta la Edad Contemporánea. Por tanto, la justificación en esta leyenda de la devoción de todo un pueblo y, más concretamente, del gremio de los marineros al Cristo Cautivo era fundamental en el desarrollo de la obra.

C) Aspectos literarios.

La composición del texto no está realizada al azar; al contrario, está muy estudiada. La obra contiene varias situaciones extraordinarias enlazadas unas con otras, aunque siempre teniendo como eje de tales sucesos la figura del Cristo Cautivo: la pesca milagrosa, la llegada a la costa onubense en un solo día, la liberación del cautivo… Pero dentro de este amplio número de hechos existe una composición medida y pensada. Es la siguiente:

  • Aparición del Cautivo (talla de madera) al pescador moguereño Pedro Martín.
  • Inmovilidad del Cristo a la hora de elegir el pueblo que lo acogería.
  • Inmovilidad del Cristo a la hora de elegir su sede.
  • Aparición del cautivo Antonio Quintero, moguereño que era familiar de Pedro Martín.

En definitiva, la leyenda del Cristo de los Remedios es una obra de un autor religioso, propia de su tiempo, que es fundamental para comprender la historia devocional de la localidad.

Publicado en Flor de Pasión. Boletín informativo de la Pro-hermandad del Cristo de los Remedios y Nuestra Señora del Rosario. Número 7. Moguer. Abril de 2000. Páginas 6-8